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Ría de la costa de la provincia de A Coruña. La ciudad está
situada en la ribera septentrional de la ría de su nombre, sobre una pequeña
península al este de la villa de La Graña.
Ferrol, con una
superficie de 81,9 kilómetros cuadrados, se extiende entre el océano
Atlántico y la ría de su mismo nombre. Es uno de los municipios más
grandes de la provincia, resultado de la anexión en 1940 del municipio
de Serantes. Tiene 83.045 habitantes y es uno de los principales núcleos
urbanos de Galicia, aunque la crisis industrial frenó durante varios
años el proceso de desarrollo de la ciudad.
El municipio de Ferrol ocupa la península
que desde los municipios de Valdoviño y Narón se dirige hacia el golfo
Ártabro. En la parte que da a la ría, la mayoría del terreno discurre
sobre las superficies pedregosas del valle de Trasancos, lo que da lugar
a las formas suaves de relieve. Sin embargo, una banda de granitos
hercínicos, en el oeste del municipio, aísla al litoral del resto del
territorio. Las formas graníticas de este sector y los diferentes planos
de altitud dan lugar a paisajes naturales de gran hermosura. En
dirección al mar reaparecen los terrenos pedregosos, sobre los que
originariamente se emplazaron pequeños asentamientos humanos para
aprovechar el escaso suelo cultivable.
En los cabos y promontorios marinos de San Xurxo y en el cabo Prior y
Prioriño reaparecen los materiales graníticos, interrumpiéndose su
continuidad con materiales pedregosos, lo que hizo que la acción marina
contribuyese a la formación de algunos de los arenales más extensos de
Galicia.
Desde el punto de vista climático, Ferrol participa de todas aquellas
características comunes al resto del conjunto litoral del golfo Ártabro:
una precipitación de tipo medio, que se concentra en otoño y más en el
invierno. En el verano el tiempo es seco y con sol, aunque fresco.
Como consecuencia de la elevada humanización de la comarca desde tiempos
antiguos, la vegetación natural fue alterada, observándose escasos
enclaves originarios. Queda la vegetación adaptada a los arenales o a
las zonas húmedas.
La proximidad del litoral del municipio explica la ausencia de cursos
fluviales destacados, los más importantes son los riachuelos de Doniños,
San Xurxo, de la Sardiña y San Pedro.
Las primeras huellas sobre su población se remontan a la época
de los castros, comúnmente denominada castreña. En el primitivo barrio de
Ferrol Vello se conoce la existencia de un castro marítimo, del que conservamos
la referencia toponímica de una calle denominada del Castro.
Documentalmente, la primera mención histórica a esta población data del siglo
XI, concretamente del año 1087. Poco tiempo después se abriría a las rutas
marítimas, siendo uno de los lugares de llegada de peregrinos procedentes de
todo el norte de Europa. Situado en la proximidades de su muelle, donde estaba
la vieja iglesia de San Julián, se encuentra el Hospital de Peregrinos do Espírito
Santo, nombre con el que es conocido aún una de sus calles.
El primer mapa del litoral marítimo del que se tiene constancia fue realizado
en Venecia en el año 1498. Por esa época la villa ferrolana se limitaba al
mencionado barrio de Ferrol Vello y prolongaría sus arrabales por la ladera del
monte de Canido. Sus escasos habitantes se dedicarían al marisqueo, pesca,
salazón y agricultura. En la actualidad puede apreciarse este pasado en la
pervivencia de la barriada de pescadores, con un trazado medieval y estrechas e
irregulares calles con algunas casas con balcones de madera, típicamente
marineras.
Capital marítima y ciudad
industrial
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A partir del siglo XVI las buenas condiciones de la ría
ferrolana comienzan a llamar la atención no sólo de la corona española sino
también de las potencias europeas. Su puerto se convierte en fondeadero y lugar
de la Armada Real y en él recalaron algunas de las naos que integraban la
Armada Invencible. Pero será la política desarrollada por los primeros
borbones la que provocará un cambio trascendental para la historia de la
ciudad.
Felipe V, el primer monarca de la nueva dinastía, decide fortalecer la Marina
de Guerra y elige la ría ferrolana, por sus magníficas condiciones geográficas
y estratégicas, como lugar en el que levantar unos astilleros estatales y la
capital marítima del noroeste peninsular. Una Real Orden de 1726 determina el
punto de partida en el destino de esta población, ligada desde entonces hasta
hoy en día a los vaivenes de la construcción naval y a las complejas
decisiones del Estado. En la ensenada de A Graña se inician las obras de un
arsenal y un pequeño astillero. En 1730, las plácidas aguas de la ría acogen
el primer navío salido de sus gradas, que lleva el nombre de Galicia.
Fernando VI dispone en 1749 que se traslade a la ribera oriental del monte de
Esteiro, en la ensenada de Caranza, el enclave industrial de la construcción
naval y la sede del Departamento Marítimo. Luego, se construyen los astilleros
más modernos de España y, por algún tiempo, de Europa. Desde ese tiempo,
Ferrol se convertirá en la primera ciudad industrial de Galicia y una de las más
avanzadas en su modernidad.
Los arsenales
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Litografía
del antiguo arsenal militar. |
Las medidas tomadas por los primeros monarcas borbones y por los
ministros Patiño y Ensenada de convertir Ferrol en un centro militar y naval de
primer orden, van a dotar a la capital departamental de un grandioso arsenal y
de una impresionante infraestructura para la construcción de buques de guerra.
En 1749 comienza a materializarse el Astillero Real y un año más tarde el
Arsenal. El rey Carlos III desempeñará también un papel trascendental en la
modernización de la ciudad. Cosme Álvarez, Jorge Juan y Julián Sánchez Bort
serán los ingenieros directores de tan significativa empresa.
El Arsenal de la Marina quedó dividido por sus funciones básicas -militar e
industrial- en dos partes denominadas Arsenal del Parque y Arsenal de los
Diques. El primero se extiende por la parte occidental y fue el primero en
iniciarse. El segundo, de diseño más sobrio presenta diferentes características
arquitectónicas en sus predios. El material predominante es el granito por su
abundancia en las canteras de la zona y por sus buenas propiedades para una
construcción levantada en parte sobre el mar y de tipo militar. Muestra de sus
cualidades es la magnífica conservación de todo el recinto.
El barrio de Esteiro
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Calles y
viviendas del antiguo barrio de Esteiro |
Las nuevas construcciones navales y militares demandaban una
considerable mano de obra que no se podía albergar en el reducido y alejado de
Ferrol Vello. Y por eso que nace, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII,
el segundo núcleo de población: el barrio obrero de Esteiro, derribado en su
mayor parte hace algunos años para construir modernas viviendas. Aún conserva
algunas edificaciones de interés, como son el antiguo Hospital de Marina
-convertido en la actualidad en Campus Universitario-, la Casa do Patín -una de
la construcciones más singulares del barrio tradicional, restaurada
recientemente para ser utilizada como sede de la biblioteca universitaria-, y,
en el Campo de Batallones, y la antigua Puerta del Astillero y el Cuartel de
Dolores, base actual del Tercio Norte de Infantería de Marina, por donde se
accede a Fontelonga, la única puerta marítima que se conserva del antiguo
Ferrol amurallado.
El barrio de la
Magdalena
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Primitiva
configuración del Teatro Jofre y su plaza. |
El rápido crecimiento de la población, motivado por las
grandiosas obras del recinto militar y las instalaciones para la construcción
naval, determinó el nacimiento del tercer barrio histórico de la ciudad: el
barrio de la Magdalena, situado céntricamente en frente de los Arsenales y en
el espacio vacío comprendido entre el núcleo pesquero de Ferrol Vello y el
asentamiento proletario de Esteiro. Sus viviendas estarán destinadas al
estamento más elevado de la sociedad: oficinas de marina, técnicos de la
construcción naval y comerciantes. En 1761, Carlos III aprueba la planta del
nuevo Ferrol, un perfecto rectángulo en forma de libra de chocolate, con calles
largas y rectas que se cortan con otras que bajan perpendicularmente y con dos
grandes plazas en sus extremos: la de Amboage y la de Armas -donde se localiza
actualmente la Casa Consistorial-. Constituye uno de los ejemplos más
singulares de la arquitectura racionalista del siglo XVIII. Por la
perpendicularidad de su trazado y la tipología de sus casas, el barrio de la
Magdalena fue declarado conjunto histórico-artístico en 1983.
Ferrol debió estar
bastante poblado en los tiempos anteriores a la romanización,
admitiéndose la existencia de dos asentamientos castreños en lo que hoy
es Ferrol Vello y Canido. Sin embargo, de la romanización sólo contamos
con noticias como la de Pomponio Mela, que hace referencia a la ciudad
de Adobrica y que algunos quisieron identificar con Ferrol.
La explicación más aceptable del origen del topónimo Ferrol parece ser
la que lo vincula con el antropónimo Ferreolus, tribuno de Vienne que
vivió en el siglo V y que fue convertido al cristianismo por San Xiao.
Tal vez fueron los benedictinos desde Francia los que introdujeron el
topónimo, cuando San Martiño de Xubia estuvo ligado a la Abadía de
Cluny.
En la Edad Media, Ferrol tuvo ciertos privilegios, hasta que el rey
Enrique II cedió a la Casa de Andrade el señorío jurisdiccional de la
villa, que permaneció inalterada hasta 1733 cuando, debido a los nuevos
planes que tenía la Corona para Ferrol, se hizo imprescindible la cesión
de los derechos que pertenecieran a los Condes de Andrade.
En el siglo XVI, la villa funcionaba como puerto auxiliar de A Coruña y
fue el ataque de Drake a esta última ciudad lo que consolidó el papel de
Ferrol como lugar de reparaciones y atraque. La reorganización de la
Armada tras el desastre de la Invencible confirma la predilección por
esta villa, aunque los atrasos en el rearme y organización de la flota
impidiesen un verdadero auge.
Cuando llega la dinastía borbónica al trono de España se produce un
cambio trascendental en la historia de la ciudad. Así, en el 1726 Felipe
V, como parte de la política de rearme naval llevada a cabo por el
ministro Patiño, escoge la Graña como asentamiento para situar el puerto
del norte de España. Sin embargo, será Fernando VI, durante el
ministerio del Marqués de la Ensenada, el que disponga en 1749 el
traslado de la sede del departamento marítimo para Ferrol.
En 1751, cuando termina la obra del astillero, comienzan las obras del
Arsenal, que constituyó en su momento un ejemplo de ingeniería y del
urbanismo de la época, convirtiéndose en el primero de Europa.
Pero este auge de la villa se verá afectado por acontecimientos que
levaron a un proceso de decadencia y estancamiento. Después de firmar la
Paz de Basilea comienzan las hostilidades con Inglaterra. Uno de los
episodios más interesantes de esta hostilidad es la batalla de Brión
contra las tropas del almirante Warren. Los valientes ferrolanos impiden
la toma del castillo de San Felipe, rendición sin la que era imposible
el acceso de los buques ingleses a la ría y muy difícil la toma de la
ciudad.
Es aquí cuando se inicia la decadencia como consecuencia de los
sucesivos acontecimientos negativos del primer tercio del siglo XIX: el
desastre de Trafalgar, la Guerra de la Independencia y la pérdida de las
colonias. Comienza así, a partir de 1812, un proceso de decadencia
económica y política con sucesivas crisis.
Fue bajo el ministerio del marqués de Molíns cuando se recuperó la
actividad constructiva, que se mantuvo con pequeños atrancos. Ya en el
siglo XX continúa la tímida expansión de la ciudad y en el año 1908, con
la Ley de Creación de la Escuadra, bajo el gobierno Maura, se crea la
Sociedad Española de Construcción Naval, a la que se alquilan los
astilleros. Esta situación de bonanza se verá interrumpida por la
Primera Guerra Mundial.
Con la dictadura de Primo de Rivera se abre un nuevo período para los
astilleros, pasando la dirección de la factoría a técnicos españoles en
1925. Los proyectos navales se paralizaron otra vez en la República.
Tras la Guerra Civil, la Armada va a gestionar los astilleros hasta que
en 1947 se crea la Empresa Nacional Bazán. Después Ferrol vivirá un
proceso de industrialización apareciendo empresas de tamaño medio que,
junto con la industria tradicional, contribuyeron al crecimiento de la
ciudad. Fue entonces cuando se produjo, el derrumbamiento de lo que
quedaba de las murallas.
Pero el período de mayor trascendencia se produjo a partir de los años
60, cuando el astillero Astano, en Fene, se convirtió en un elemento
complementario. Aunque ya desde finales de los anos 70 surgió un período
crítico en la industria naval, que le iba afectar mucho a la ciudad.
La década dos 80 en Ferrol fue desastrosa, ya que a falta de nuevas
iniciativas y la política de reajuste llevada a cabo por el gobierno,
dejaron esta ciudad fuera de los planos de industrialización y
desarrollo llevados a cabo en otras regiones españolas. El traslado de
la Comandancia de la Flota a Rota profundizó la crisis.
Las infraestructuras previstas en Ferrol y las medidas tendientes a
recuperar la imagen urbana permitirán crear atractivos en una ciudad que
supone un mercado interesante.
Ferrol está formado por las siguientes parroquias:
Brión (Santa
María),
Cabana, A (Santo Antonio),
Covas (San Martiño),
Doniños (San Román),
Esmelle (San Xoán),
Graña, A (Santo Rosa de Viterbo),
Leixa (San Pedro),
Mandiá (Santa Uxía),
Marmancón (San Pedro),
San Xurxo da Mariña (San Xurxo),
Santa Icía de Trasancos (Santa Icía),
Serantes (San Salvador). |